Raúl Macías
Las cuentas no cuadran, es más, ni estirando el gasto se alcanzaría a tener una cena digna esta noche. Mucha gente, es decir, para miles serán 24 horas de hambre, dolor y desesperación; no quedará más que ir a una esquina, estación del Metro o iglesia, apostarse en las escaleras -con la mano estirando un bote de aluminio o una jícara de plástico- esperando la moneda deseada.
El pavo, romeritos y demás alimentos tradicionales de Navidad estarán en los sueños solamente. Las pocas monedas que logren conseguir les permitirán, tal vez, llevar a su casa "pa' los frijolitos". Ese dolor no será solamente de quienes viven de las limosnas, también estará en la casa de millones de humildes obreros que no viven, sobreviven con un sueldo mínimo.
Pasarán las horas, paso a paso, lágrima a lágrima, seguirán recorriendo las calles; viendo cómo en restaurantes y en otros lugares la gente se ve feliz, porque se dan "la gran cena navideña". El cansancio y el sueño les harán volver a su triste realidad: la pobreza que han vivido desde que llegaron del pueblo a la ciudad, porque abandonaron sus tierras, pero no la pobreza.
.













